¡QUE VIVA LA NAVIDAD!

La historia de Navidad contada a los niños

LA PROMESA DE DIOS

 

Hace muchos, muchos años, Dios creó el mundo y todo lo que hay en él, y nos creó a los seres humanos, los hombres y las mujeres. Todo lo hizo muy bien y con mucho amor. Nos lo dice la Biblia en el libro del Génesis:

“Vio Dios cuanto había hecho y todo estaba muy bien” (Génesis 1, 31)

Pero un día sucedió algo que Dios no esperaba; algo que no quería que sucediera nunca: los hombres y las mujeres nos olvidamos de Él y de su amor tan grande por nosotros, nos dejamos llevar por el orgullo que nace en el corazón, quisimos decidirlo todo por nosotros mismos y ser grandes y poderosos. Esto nos llevó al pecado.

El pecado nos alejó de Dios, de su bondad y de su gracia; no porque Dios lo quisiera, sino porque lo quisimos nosotros. La Biblia nos lo enseña así por medio de una historia escrita con esta finalidad, la “historia de Adán y Eva, la manzana y la serpiente”, queencontramosen el capítulo 3 del libro del Génesis:

“La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahvé Dios había hecho. Y dijo a la mujer: – ¿Cómo es que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?  Respondió la mujer a la serpiente: – Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Pero del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No coman de él, ni lo toquen, so pena de muerte. Replicó la serpiente a la mujer: – De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal. Y como la mujer vio que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió. Entonces se les abrieron a ambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y, cosiendo hojas de higuera, se hicieron unos ceñidores”. (Génesis 3, 1-7)

Cuando Dios supo lo que había sucedido, se sintió muy triste, pero no dejó de amarnos ni un solo instante; al contrario, su amor se hizo más grande y más fuerte, y prometió que un día enviaría al mundo un Salvador, que sería su propio Hijo. Él nos enseñaría a vivir a la manera de Dios, haciendo siempre el bien, y recuperaría para todos lo que habíamos perdido por el pecado.

También esto lo encontramos en el libro del Génesis, un poco más adelante, cuando Dios habla a la serpiente, que representa al demonio, el enemigo de Dios y de todos nosotros:

“Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje; él te pisará la cabeza, mientras tu acechas su talón” (Génesis 3, 15)

Pasaron los días, las semanas, los meses, los años y los siglos. Dios seguía amándonos, y nosotros, los hombres y las mujeres, seguíamos obrando unas veces bien y otras veces mal, buscando a Dios y alejándonos de él, amándonos y odiándonos unos a otros, como Caín y Abel, otra “historia” que nos cuenta la Biblia:

“Caín dijo a su hermano Abel: – Vamos afuera. Y cuando estaban en el campo, Caín se lanzó contra su hermano Abel y lo mató” (Génesis 4, 8)

Cada vez que los hombres pecaban, Dios que no puede dejar de amarnos, porque Él mismo es amor, repetía su promesa de salvación, y con mucho cuidado iba organizando todo para cumplirla.

Los acontecimientos y las personas se sucedían unos a otros, y los profetas que hablaban en nombre de Dios, anunciaban que ya estaba cerca el tiempo señalado desde el principio:

“Miren, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros” (Isaías 7, 14)

Cumplido el plazo, llegó el momento propicio, y nació Jesús, en quien se realizaron completamente todas las profecías.

Jesús es el Salvador prometido por Dios al comienzo de la historia. No hay ninguna duda. Con él empieza una nueva etapa en la historia del mundo y de la humanidad. Nos lo dice el apóstol San Pablo:

“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer… para rescatar a los que se hallaban sometidos por el pecado, y para hacernos nuevos hijos de Dios”  (Gálatas 4, 4-5).

Este nacimiento es, precisamente, el fundamento, la base, de la hermosa fiesta de Navidad, que nos hace tan felices a todos, y muy especialmente a los niños.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s